Gigolós estafados
Todo el tinglado se basaba en la discreción -nadie va por el mundo pregonando que es un hombre de pago- y la impotencia resultante: cuando los estafados se dieron cuenta, callaron. De los 350, sólo uno se atrevió a denunciar a la estafadora.
Desde que empecé a publicar este blog he recibido tres correos de tres hombres que solicitaban información sobre cómo convertirse en gigoló. A los tres les dije lo mismo: lo siento pero no tengo ni idea. De verdad. Cuando me documenté para la novela las propias clientas me orientaron. Era la visión femenina la que me interesaba y su visión fue, para mí, suficiente.
Por contraste, 350 candidatos son muchos. Con los vientos de crisis que soplan, no es difícil imaginar que haya quien considere la opción de pago como una vía rápida -que no fácil- de ganar un dinero extra. O de ganar mucho dinero. La credulidad y la necesidad no suelen ser buenas consejeras.





