Ayer en la
FNAC hablamos de la
chick lit, ese curioso club al que nadie quiere pertenecer.
La
chick lit se define como "literatura urbana para mujeres". Matías Néspolo publicó una
reseña que me sirvió de guía para encontrar las diferencias y similitudes entre los supuestos parámetros de este género y
Un hombre de pago.
¿Por qué crear una etiqueta que nadie quiere llevar? Esta es mi respuesta. No hace tanto tiempo que las mujeres escribimos. Virginia Woolf habló de la
habitación propia en 1928: unos ingresos estables y un espacio privado como condiciones irrenunciables para el ejercicio de la escritura.
No han pasado ni cien años desde su ensayo y hoy, por suerte, las mujeres que escribimos somos muchas. El crecimento ha sido espectacular, atropellado y universal. La variedad de temas es amplia pero, lógicamente, nos interesan los cambios que suceden a nuestro alrededor y que nos marcan. Y cada una los cuenta según los ve, con mayor o menos optimismo, con o sin el final feliz que parece demandar la
chick lit.
Ante el rápido aumento del número de mujeres que escriben surje la necesidad de ordenar. Los humanos ordenamos etiquetando. Pero "
chick lit" como etiqueta se queda corta, porque es imposible meter en un mismo saco perspectivas tan diferentes y pretender que quienes las han escrito -o quienes las leen- se sientan identificadas. Por poner un ejemplo, para mí las diferencias entre cualquier novela de Marian Keyes y
Un hombre de pago son sustanciales.
Ya lo dijo la misma Virginia Woolf: "No hay ninguna marca en la pared que mida la altura exacta de las mujeres". Mientras no la haya, lo importante es -creo- continuar escribiendo y continuar leyendo.
PD: El ciclo sobre chick lit organizado por la FNAC continua el próximo 11 de julio con
Care Santos.