Quince años después
Ayer estuve de cena. El Colegio de Publicitarios y Relaciones Públicas me invitó a hablar de Un hombre de pago en su tertulia -booksharing-mensual.
Entre croqueta y confit de pato, alzando un poco la voz para que los veinte participantes estuvieramos todos en la misma conversación, avanzó la velada. De las peripecias editoriales de la novela a la invisibilidad femenina, seguida de la infidelidad, y de vuelta a la invisibilidad. Esta vez, de mujeres y hombres. Ya estabamos en el café cuando me llevé la sorpresa de la noche.
A uno de los asistentes le había conocido en un viaje de trabajo hacía quince años. Los dos formabamos parte de una delegación oficial. Pues bien. Pedida la venia, el asistente decidió compartir con el resto de asistentes -alzando un poco la voz para que estuvieramos todos en la misma conversación- que en aquel viaje se enamoró profundamente de mí. Explicó -y es cierto- que al volver a Barcelona se puso en contacto conmigo y quedamos. Recordó cómo yo no le presté mucha atención y él se sintió invisible.
Desde la publicación de la novela me han sucedido muchas cosas. Seguramente escuchar ante veinte personas una declaración de amor, quince años después, sea una de las más singulares.
Todavía no sé como tomarmelo.
Entre croqueta y confit de pato, alzando un poco la voz para que los veinte participantes estuvieramos todos en la misma conversación, avanzó la velada. De las peripecias editoriales de la novela a la invisibilidad femenina, seguida de la infidelidad, y de vuelta a la invisibilidad. Esta vez, de mujeres y hombres. Ya estabamos en el café cuando me llevé la sorpresa de la noche.
A uno de los asistentes le había conocido en un viaje de trabajo hacía quince años. Los dos formabamos parte de una delegación oficial. Pues bien. Pedida la venia, el asistente decidió compartir con el resto de asistentes -alzando un poco la voz para que estuvieramos todos en la misma conversación- que en aquel viaje se enamoró profundamente de mí. Explicó -y es cierto- que al volver a Barcelona se puso en contacto conmigo y quedamos. Recordó cómo yo no le presté mucha atención y él se sintió invisible.
Desde la publicación de la novela me han sucedido muchas cosas. Seguramente escuchar ante veinte personas una declaración de amor, quince años después, sea una de las más singulares.
Todavía no sé como tomarmelo.
