En plena asunción del
cambio editorial y con la ciudad, el país y el hemisferio preparándose para el cierre veraniego, me doy cuenta de lo cansados que estamos todos.
Vegetamos entre el calor, la falta de espacio mental y el reclamo irresistible de las vacaciones. ¡Ah, las vacaciones! Hace tiempo ya me di cuenta de la trampa de pensar, durante 15 -30 días a lo sumo- que la vida podía ser distinta, para darnos después de bruces en setiembre con la cruda realidad.
Mis vacaciones ideales -veremos si salen- consistirían este año en descansar física y mentalmente, leer (ando enganchada de
Los detectives salvajes, recomendación que agradezco a
Palimp) y volver a escribir. Desde mayo que estoy tanteando, retal a retal, una nueva peripecia. Las vacaciones serían ideales para darle un buen empujón de arranque.
Y después, setiembre. Mi mejor mes. Todos descansados y guapos, reconciliados con la realidad y con lo mejor de nosotros mismos, listos para un nuevo curso lleno de aventuras... ¡Irresistible!